Ríete Con El Diario

19.6.06

Pronóstico de vida

Hace mucho tiempo, no sé cuánto con certeza, escuché un programa radial en donde le preguntaban a una persona: ¿Quién eres?. Ella le respondió con su nombre, pero eso no era suficiente para responder a la pregunta, porque no le estaban preguntando por él. Por ende, el entrevistador le cuestionó nuevamente, a lo que la respuesta fue en donde trabajaba y lo que hacía en su tiempo libre; sin embargo, tampoco llenaba lo que se estaba debatiendo.
Luego de tratar de responder reiteradas veces la misma interrogante con razones que no eran las adecuadas, al entrevistado se le agotaron las ideas. Ante este agotamiento, el interrogador señaló: "No te pregunté por tu nombre, dirección, lo que hacías o lo que dejabas de hacer. Tu respuesta a tan compleja pregunta, era simplemente que tú eres tú y no existe nadie igual a ti o que se aproxime a tu personalidad. He ahí la belleza de tu ser."
Sin embargo, el ser no sólo se compone de su esencia, sino que, además, es necesario tener en cuenta los elementos que conforman su identidad y, de paso, su personalidad: nombre, aspiraciones de/ con la vida, el colegio y la familia que me formó, entre otros.
Me presento ante un papel y un lector que se espera que esté ansioso. Mi nombre es Valentina Constanza Lagos Latorre. Mi cumpleaños es el 19 de agosto, mes de los gatos y mi signo es leo, aún así no me gustan los felinos. Aunque de alguna forma, mi representación zodiacal refleja mucho de mi personalidad: carácter fuerte, apasionados, algo egocéntricos y con grandes ideales.
Nací en 1987, en la Clínica Reñaca de Viña del Mar. No sé cuánto llegué a pesar, pero mis fotos reflejan que era algo más grande de lo normal. Viví mi infancia en Jardín del Mar, en donde alcancé la edad de 8 años. En esos tiempos, cursé el jardín infantil llamado: "Jesus Heart", en el cual participaba en varias actividades recreativas y es ahí, donde tuve el agrado, la suerte y el gusto de conocer a una de mis mejores amigas, la cual conservo hasta hoy.
Mi niñez fue la de un infante común. Corrí, me tropecé, me volví a parar, jugué, lloré, construí clubes, esos palacios en donde uno es la reina de todo el territorio. Disfrutaba cada instante, como si supiera que tenía una larga vida por delante, inconscientemente sabía que de la vida, yo me tenía que aprovechar, no tenía miedo de nada.
A medida que el tiempo seguía su imparable curso y los cumpleaños pasaban cada año, mi cuerpo y mi mentalidad fueron de cambio en cambio. Pertenecí toda mi vida a un colegio de monjas, es posible suponer entonces, que mis principios y valores, además de las bases familiares, están sujetos a la doctrina católica.
Pero llega esa edad en que uno deja de "tragarse" todo lo establecido y comienza a criticar todo (absolutamente TODO), desde las amistades que se habían conservado toda la vida, hasta por qué llueve más en invierno que en verano. Las transformaciones hormonales también tienen su gota de incidencia en estas discusiones.
Pareciera que en ese período todo está confabulado para empeorar aún más, pero no es del todo así: a los quince comencé a conocer a las que serían mis amistades hasta hoy, aquellas constituyen los cimientos de parte importante de mi personalidad y desarrollo personal. Nunca estuve en otro colegio, es por eso que tuve la oportunidad de indagar mucho en la confianza de mis compañeras y amigas más cercanas. Pude ver cómo muchas se fueron, otras que llegaron y algunas que se quedarían en mi corazón y recuerdo para siempre.
Si pudiera nombrar alguna de las cosas que más me importa en la vida y por la cual estoy dispuesta a hacer muchos sacrificios para conseguirla sería: la amistad. Tal como se muestra en la foto, mi curso llegó a ser casi una segunda familia para mí. El tiempo que se compartió, que se discutió sobre asuntos del mismo, que se río y lloró, valió la pena para que, muchas veces, la vida fuera mucho más feliz.
Mi familia conformada por mis dos padres y dos hermanos más pequeños, 16 el que me sigue y 8 el menor, ha colaborado enormemente en la realización de mis proyectos personales, con la formación de mis valores morales y principios. Gracias a ellos, he podido crecer en un ambiente agradable y rociado de cariño y amor.
La mayor parte de lo que soy se lo debo a mi entorno; ellos me ayudaron a crecer y a convertirme cada día en una mejor persona, sin tener la necesidad de cambiar mi esencia. Mis gustos reflejan parte de ésta última: plasmo poemas (si es que tienen el honor de llamarse así), los cuales me han ayudado bastante a combatir soledad y a ser hombro para llantos cuando lo he solicitado. Me gusta compartir un buen café con alguien que quiera ser escuchado o que le guste escuchar, e ir de expedición por mi propia ciudad y sus alrededores (siempre se conoce algo nuevo que se ignoraba).
Mis sueños y aspiraciones también forman parte de mi historia, y creo que soy capaz de lograrlos, si es que lo que quiero es alcanzarlos. Uno de ellos es el de ser una mujer íntegra, entiéndase principalmente como alguien que ha alcanzado la felicidad a través de los actos que han repercutido tanto en su entorno, como en ella misma. También pienso, como lo he tratado de hacer hasta ahora, el sacar lo mejor de mí en todas las actividades y labores que desempeñe, y a través de eso, ayudar a las demás personas, ser un medio por el cual pueda contribuir con mi "¡¡grano gigante!!" de arena para la sociedad
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Valentina Lagos Latorre.

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